
Seguro que mucha gente piensa que los archivos son sitios polvorientos donde solo van los historiadores a buscar papeles viejos, pero la realidad es que son verdaderos tesoros de información que mantienen viva la esencia de nuestra civilización. Cada 9 de junio, el mundo entero se pone de acuerdo para echarle un ojo a este patrimonio y recordar que, sin estos registros, estaríamos prácticamente ciegos respecto a nuestro pasado.
Esta fecha no se ha elegido al azar, sino que tiene un trasfondo institucional muy potente. Se trata de una iniciativa impulsada por el Consejo Internacional de Archivos (ICA), que busca que tanto los ciudadanos de a pie como los que toman las decisiones importantes entiendan que gestionar bien los documentos no es solo cuestión de orden, sino de garantizar la transparencia y la justicia en cualquier sociedad moderna.
¿De dónde sale esta celebración?
Todo empezó a gestarse en el año 2004, durante un Congreso Internacional celebrado en Viena. Allí, un grupo nutrido de más de 2.000 profesionales se dieron cuenta de que hacía falta un día concreto para reivindicar su labor y solicitaron formalmente a la ONU que se creara una efeméride oficial. Aunque en 2005 la UNESCO ya había marcado el 27 de octubre para el Patrimonio Audiovisual, el ICA sentía que el grueso del patrimonio documental necesitaba su propio espacio.
Fue así como en la Asamblea General de noviembre de 2007 se oficializó el 9 de junio como el día clave. La razón es sencilla: precisamente un 9 de junio de 1948, el ICA nació bajo el amparo de la UNESCO, marcando el inicio de una red global para la protección de los documentos. A partir de 2008, las celebraciones empezaron a cobrar fuerza, y para el año 2019, el evento se amplió para convertirse en una semana completa de actividades.
El valor real de los archivos en la sociedad
Cuando hablamos de archivos, no hablamos solo de papeles guardados, sino de evidencias únicas de eventos pasados. Estos centros custodian decisiones y actuaciones que forman la memoria colectiva. Como bien se recoge en la Declaración Universal sobre los Archivos de 2010, estos documentos son la base que asegura el funcionamiento democrático y permite que cualquier persona pueda defender sus derechos humanos basándose en pruebas fiables.
Además, los archivos sirven para romper mitos. A menudo se confunden con las bibliotecas, pero mientras que estas guardan libros producidos para el público, los archivos guardan documentos creados para una gestión, ya sea jurídica, administrativa o personal. Son fuentes de información de primera mano que combaten la opacidad y permiten que la administración rinda cuentas de sus actos.
Objetivos y metas de la comunidad archivística
El objetivo principal de estas jornadas es, básicamente, quitarles el polvo de encima a los archivos y sensibilizar a la opinión pública. Se busca que la gente sepa que existen documentos raros y extraordinarios que merecen ser vistos. Pero también hay una parte más estratégica: convencer a los políticos y gestores de que un buen sistema de gestión documental es la mejor herramienta para un gobierno eficiente y un desarrollo sostenible.
Otro punto fundamental es luchar por la preservación a largo plazo. No basta con guardar el papel; hay que asegurar que el acceso sea posible y sencillo. Recientemente, se ha hecho mucho hincapié en la accesibilidad bajo lemas como #ArchivosAccesibles, promoviendo que estas instituciones sean abiertas, inclusivas y que representen la diversidad de todas las experiencias humanas, sin dejar a nadie fuera de la narrativa histórica.
Actividades y ejemplos de celebración
Para que la fiesta no sea solo teórica, los archivos de todo el mundo organizan eventos muy variados. En España, por ejemplo, instituciones como el Archivo Histórico Nacional o los Archivos Estatales abren sus puertas para que la gente pueda explorar la crónica de nuestro pasado. Desde visitas guiadas coordinadas por Ministerios hasta jornadas de puertas abiertas en archivos provinciales, el objetivo es que el ciudadano común interactúe con la historia.
- Exposiciones documentales: Muestras como las dedicadas a la «Edad de Plata de la Cultura Española» permiten conectar el archivo con el arte y la ciencia.
- Conferencias y debates: Charlas sobre legados intelectuales, como el andalusí, o el estudio de figuras como Antonio Machado.
- Eventos innovadores: Festivales de cortometrajes que reflexionan sobre la ausencia y la memoria, o el uso de redes sociales para difundir fondos digitales.
- Rutas y pasaportes: Iniciativas donde se invita al público a visitar varios archivos de una misma ciudad para descubrir una historia común compartida.
Incluso se han implementado dinámicas virtuales con hashtags como #SomosArchivo, donde los profesionales comparten lo que significa su día a día y cómo los documentos reflejan las tensiones y puentes de nuestra sociedad. Todo esto sirve para que el ciudadano no vea el archivo como un laberinto inalcanzable, sino como un puerto de acceso a la verdad y a la identidad propia.
Este conjunto de efemérides y actividades subraya que los archivos son mucho más que depósitos; son el soporte vital de la transparencia y la memoria. A través de la labor del ICA y la implicación de instituciones públicas y privadas, se garantiza que el patrimonio documental siga siendo un testimonio invaluable para las generaciones venideras, asegurando que el conocimiento y los derechos de la ciudadanía estén siempre respaldados por pruebas tangibles y accesibles.



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