- El incendio declarado el 6 de agosto en Niebla (Huelva) ha quemado más de 38.000 hectáreas en once municipios de Huelva y Sevilla, convirtiéndose en el mayor de la historia de Andalucía.
- Tras nueve días de trabajos, el fuego se ha estabilizado y ha permitido el regreso de numerosos desalojados, aunque el frente este, en Aznalcóllar y El Castillo de las Guardas, sigue siendo prioritario.
- El dispositivo ha llegado a movilizar a más de 1.100 efectivos, 26 medios aéreos y maquinaria pesada para contener un incendio de comportamiento errático con siete focos secundarios.
- Las críticas de los bomberos del Infoca denuncian falta de personal y de recursos, mientras los vecinos piden un cambio en la gestión del monte para evitar futuras catástrofes.

Lo que comenzó como un conato en una cuneta cercana a la Venta de las Tablas, entre las carreteras HU-3106 y A-493, se ha convertido en el peor incendio forestal que ha sufrido Andalucía en toda su historia. El fuego, declarado el pasado 6 de agosto en el término municipal de Niebla (Huelva), ha arrasado ya más de 38.000 hectáreas en once municipios de las provincias de Huelva y Sevilla, superando el trágico récord que ostentaba Riotinto desde 2004 con 34.000 hectáreas.
Tras nueve días de lucha incansable, la evolución del siniestro ha dado un giro esperanzador. La dirección del Plan Infoca confirmó este domingo la estabilización del incendio, después de que los operativos lograran frenar su avance durante la noche del sábado gracias a un cambio en la dirección del viento y a un descenso de las temperaturas. El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, anunció la propuesta de regreso de las 417 personas que aún permanecían desalojadas de forma preventiva.
Un comportamiento errático que desafió a los equipos de extinción
Desde el primer momento, el incendio mostró una personalidad difícil de predecir. Los técnicos que estudiaban su evolución se encontraron con un fuego que avanzaba en forma de ‘L’, como los movimientos del caballo en el ajedrez, con saltos de más de tres kilómetros que obligaban a reconfigurar las estrategias defensivas cada pocas horas. Las columnas convectivas, sin llegar a la categoría de incendio de sexta generación, generaban pirocúmulos que dispersaban pavesas incandescentes en todas direcciones, creando nuevos focos secundarios que llegaron a ser siete de forma simultánea.
El consejero de Emergencias, Antonio Sanz, explicó que el incendio fue declarado en varias ocasiones «fuera de la capacidad de extinción». En esas circunstancias, el agua arrojada por los medios aéreos se evaporaba antes de llegar al suelo por las altísimas temperaturas, y el trabajo de los efectivos en tierra se volvía extremadamente peligroso. La única opción era crear cortafuegos, ampliar los existentes y utilizar los denominados «fuegos técnicos» para cerrar el paso a las llamas.

El fuego afectó gravemente a la zona de la Pata del Caballo, un paraje natural de más de 7.000 hectáreas en Escacena del Campo, que ya sufrió un incendio en 2004 y que se había convertido en un pulmón verde para la comarca. Vecinos y ecologistas lamentaron la pérdida de este enclave, donde habitaban especies autóctonas como encinas, alcornoques, jaras y brezos, además de ciervos, jabalíes, zorros y aves como el águila culebrera.
Desalojos masivos y carreteras cortadas
La magnitud del incendio obligó a desalojar a más de 700 personas en distintos momentos de la emergencia, principalmente en las provincias de Huelva y Sevilla. Los municipios de Berrocal, El Madroño, Marigenta, El Pozuelo y varias pedanías de Zalamea la Real y Escacena del Campo vieron cómo sus vecinos tenían que abandonar sus viviendas ante el avance imparable de las llamas. El hospital de Minas de Riotinto, con 3.700 habitantes en la localidad, estuvo a punto de ser evacuado, lo que hubiera resultado sumamente complejo.
Las carreteras de la zona también se vieron gravemente afectadas. Hasta once vías autonómicas y provinciales estuvieron cortadas al tráfico, incluyendo la A-493 entre Valverde del Camino y La Palma del Condado, la SE-5400 entre El Álamo y Villargordo, y la HU-6104 de acceso a Berrocal. Con la mejora de la situación, varias de estas vías se han ido reabriendo de forma progresiva para facilitar el retorno de los evacuados.

Un dispositivo colosal con críticas por la falta de recursos
En la extinción del incendio participaron más de 1.100 efectivos, entre ellos el Plan Infoca, la Unidad Militar de Emergencias (UME), bomberos forestales y consorcios provinciales. El despliegue incluyó 26 medios aéreos, 21 autobombas, 18 buldóceres y decenas de grupos de bomberos forestales. Antonio Sanz destacó la «coordinación entre administraciones» y el esfuerzo de los profesionales, que «se están dejando la piel jugándose la vida» en unas condiciones extremas.
Sin embargo, las críticas no tardaron en llegar. Javier Alcántara, bombero del Infoca, denunció «problemas de personal para rellenar los efectivos», con grupos de tres o cuatro personas cuando deberían ser de siete. También alertó de la falta de equipos de protección individual y de vehículos adecuados para acceder a los cortafuegos. Un compañero sufrió un accidente al volcar su camión autobomba tras varios días trabajando más de 17 horas seguidas.
Vecinos de las localidades afectadas, como José Emilio de Paterna del Campo, señalaron que «hay zonas que con las condiciones buenas que hemos tenido por la noche y por la mañana, se podían parar y por falta de personal, se están dejando quemar». El déficit de efectivos también afectó a los bomberos urbanos, que tuvieron que desplazarse desde la costa, dejando sus zonas de origen sin cobertura durante la emergencia.
La gestión del monte y la sombra de la privatización
El incendio ha reabierto el debate sobre la gestión forestal en Andalucía. Manu Hidalgo, ingeniero de montes, explicó que «gran parte del monte está en manos privadas y esto implica que el propietario busque rentabilidad, lo que supone menor diversidad en el entorno y por tanto menor resiliencia». Esta situación hace que los incendios se extiendan con mayor facilidad, como se ha visto en este caso.
Ana Pinto, activista medioambiental y fundadora de Jornaleras de Huelva en Lucha, propuso «recuperar el trabajo en el monte y en la sierra» con brigadas rurales permanentes y un cambio del modelo económico extractivista. Sus reivindicaciones chocan con el avance de los proyectos mineros en la zona, como el proyecto Zaidín de Iberian Resources o el proyecto Nostromo de Atalaya Riotinto Minera, cuyos terrenos de investigación han resultado parcialmente quemados por el fuego.

Las cicatrices de un fuego que tardará décadas en sanar
La superficie recorrida por las llamas supera las 38.000 hectáreas, aunque el consejero insistió en que la zona calcinada será «bastante menor» debido a las grandes islas de vegetación no quemadas que se observan al sobrevolar la zona. Los técnicos recuerdan que la cifra exacta se determinará cuando el incendio esté completamente controlado, aunque anteriormente se informó que el incendio de Niebla seguía fuera de control con miles de hectáreas afectadas, y el daño ecológico es incalculable.
Los vecinos de Aznalcóllar, que vieron cómo el fuego saltaba la carretera del Álamo y se adentraba en su término municipal, describen estos días como «una pesadilla». «Es una pesadilla ver cómo se destruye lo que te ha criado», explicaba un vecino mientras observaba las llamas desde la espalda de la piscina municipal. Otro sentenciaba con una frase que se ha hecho viral en la comarca: «los incendios se extinguen en invierno y punto».
Con la estabilización del incendio, la prioridad ahora es consolidar el perímetro y asegurar las líneas de control. El operativo mantiene la vigilancia activa, especialmente en el sector este, entre El Álamo y Aznalcóllar, donde aún existen puntos calientes. La Junta de Andalucía ha rebajado el nivel de emergencia a Situación Operativa 1, lo que implica el repliegue de la UME y la vuelta a la normalidad para los efectivos que han estado luchando contra las llamas durante más de una semana.
La provincia de Huelva, que ya sufrió el incendio de Riotinto en 2004 con dos víctimas mortales y el de Las Peñuelas en 2017 que arrasó más de 10.000 hectáreas en el entorno de Doñana, vuelve a estar de luto por la pérdida de su patrimonio natural. El fuego de Niebla pasará a la historia como el más devastador de Andalucía, pero también como un ejemplo de la lucha incansable de los profesionales y la solidaridad de los vecinos que, contra viento y marea, intentan proteger su tierra.
