- Diversidad de celebraciones regionales que abarcan desde el Penedès y La Rioja hasta Jerez y el Valle del Duero.
- Experiencias interactivas que incluyen el pisado tradicional de la uva, catas de mosto y rutas gastronómicas.
- Enfoque educativo y familiar para conectar a los más pequeños con la naturaleza y las raíces rurales.

Cuando llega el mes de septiembre, el paisaje español se transforma en un escenario vibrante donde el vino es el protagonista absoluto. Las rutas vitivinícolas se activan para ofrecer un calendario repleto de eventos que celebran la tierra, el esfuerzo del campo y esa cultura popular que nos define, convirtiendo la recolección de la uva en una experiencia sensorial única para cualquier viajero.
No se trata simplemente de visitar una bodega, sino de sumergirse en un ritual colectivo que marca el ritmo de pueblos enteros. Desde el norte hasta el sur, el enoturismo permite disfrutar de tradiciones ancestrales, maridajes exquisitos y un contacto directo con la naturaleza en un momento del año donde los viñedos están en su máximo esplendor.
La magia de la vendimia en Cataluña

En las comarcas de Barcelona, la temporada arranca con fuerza en el Penedès. Desde finales de agosto hasta octubre, las bodegas se vuelven el centro de todas las miradas con actividades exclusivas. Una de las joyas es el Pícnic en las Bodegas, donde se puede comer entre cepas disfrutando de brunchs y aperitivos acompañados de los caldos locales. Además, es posible probar el primer mosto o experimentar la antigua técnica de pisar la uva, aunque conviene reservar con tiempo porque las plazas vuelan.
El festival de la Vendimia del Cava es otra cita obligada que se extiende hasta finales de septiembre, enfocándose en experiencias de alta calidad con grupos reducidos. Por otro lado, Sant Sadurní d’Anoia organiza la curiosa Fiesta de la Filoxera los días 7 y 8 de septiembre, donde un muñeco gigante que escupe fuego recuerda la plaga que casi acaba con las viñas en el siglo XIX, resultando un espectáculo genial para los niños.
Si nos movemos hacia Alella, la primera quincena de septiembre es el momento ideal para visitar su muestra enogastronómica, donde el vino de la pasa blanca es la estrella. En el Bages, concretamente en Artés, el primer fin de semana de octubre se celebra su fiesta con espectáculos callejeros y premios a la conservación de las tradicionales tinas de piedra y barracas de viña. Finalmente, localidades como Cubelles, Sitges —con su famosa fuente de vino— y Font-rubí, con su tradicional almuerzo payés, cierran este despliegue de cultura popular.
El corazón del vino: Rioja y el Duero

En La Rioja, el ambiente se vuelve eléctrico durante el otoño. Bodegas como Vivanco proponen una inmersión total donde los domingos de octubre se puede participar en el pisado tradicional y disfrutar de un almuerzo riojano con chuletillas y chorizo. Para quienes buscan algo más tranquilo, existen visitas especiales que combinan el recorrido por el viñedo con la historia del vino en museos especializados, permitiendo entender todo el proceso desde la recolección hasta la botella.
Una de las actividades más valoradas es el curso de cata que recorre el camino desde el mosto hasta el vino final, complementado con paseos por el Jardín de Baco para conocer las variedades de la DOCa Rioja. Asimismo, en Logroño, las fiestas de San Mateo y la Vendimia Riojana convierten la ciudad en una fiesta urbana con vinos locales y la entrega del primer mosto. En la zona de Aranda de Duero, la Ribera del Duero se apodera de la Plaza Mayor con casas de vinos y talleres de maridaje que refuerzan el vínculo entre el territorio y la copa.
Tradiciones del Sur y otras regiones

Jerez de la Frontera ofrece una de las celebraciones más singulares, declarada de Interés Turístico Internacional. Aquí, el nacimiento del nuevo vino se fusiona con el flamenco, los caballos y la cultura popular. El programa es intenso, destacando las catas magistrales y los concursos de venencia, que permiten descubrir la identidad única de los vinos de Jerez.
En Andalucía también destacan Montilla-Moriles, con sus innovadoras catas flamencas, y Mollina, donde el vino se mezcla con la poesía y las carreras de cintas a caballo. Por su parte, en la Rioja Alavesa, la Fiesta de la Vendimia en Kripan resalta la diversidad de la comarca a través de danzas y productos agrarios. No podemos olvidar Requena, que se prepara como Ciudad Española del Vino 2026, integrando el Parque Natural de las Hoces del Cabriel en su propuesta enoturística sostenible.
Educación y familia en el viñedo

La vendimia es también una herramienta pedagógica increíble para los más pequeños. Centros como el CEI El Jarama utilizan la recolección de la uva para que los niños se desconecten de las pantallas y conecten con la tierra. Al participar activamente, los niños aprenden el valor del esfuerzo colectivo y respetan los ciclos naturales, sabiendo que la naturaleza tiene sus propios tiempos y no puede acelerarse.
Además de la parte agrícola, estas actividades fomentan el trabajo en equipo y el sentido de comunidad. A través de yincanas familiares, como la de la «pócima mágica», los niños descubren la fórmula que convierte la uva en vino mientras juegan entre las cepas. Esta aproximación no solo enseña historia y cultura local, sino que transmite valores de consumo responsable y sostenibilidad, haciendo que valoren mucho más los alimentos que llegan a su mesa.
España se consolida así como un referente mundial del vino, no solo por su superficie de viñedo, sino por su capacidad de transformar una labor agrícola en un motor económico y cultural. Recorrer estas rutas entre septiembre y octubre es entregarse a un viaje sensorial donde cada bodega y cada pueblo cuenta una historia diferente, permitiendo vivir la identidad española a través de sus paisajes y sus sabores más auténticos.