- Considerada la segunda pinacoteca más relevante de España, destacando especialmente por su imponente colección de pintura barroca sevillana.
- Ubicado en el antiguo Convento de la Merced Calzada, un edificio emblemático del manierismo andaluz con una rica historia arquitectónica.
- Su fondo artístico se originó principalmente gracias a la desamortización de Mendizábal, rescatando obras de conventos y monasterios.

Si te gusta el arte, no puedes pasar por la capital hispalense sin visitar el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Se trata de un sitio fascinante que no solo guarda cuadros increíbles, sino que respira historia en cada rincón. Es ampliamente reconocida como una de las pinacotecas más destacadas de todo el país, situándose justo detrás del Museo del Prado en cuanto a importancia, lo que la convierte en una parada obligatoria para cualquier amante de la cultura.
Este espacio nació oficialmente el 16 de septiembre de 1835 bajo el nombre de «Museo de pinturas», gracias a un Real Decreto. La idea era reunir las piezas artísticas que quedaron libres tras la desamortización de Mendizábal, que afectó a multitud de monasterios y conventos. Aunque se fundó en esa fecha, el museo abrió sus puertas al público de manera oficial en 1841, convirtiéndose en el guardián de un patrimonio que, de otro modo, podría haberse perdido o terminado en manos extranjeras.
El Edificio: Un viaje al Convento de la Merced
El museo no está en un edificio moderno, sino que ocupa el antiguo Convento de la Merced Calzada. Curiosamente, los terrenos fueron regalados por Fernando III tras la reconquista de la ciudad en el año 1248. El inmueble que vemos hoy en día es fruto de una gran transformación iniciada a principios del siglo XVII, impulsada por Fray Alonso de Monroy. El encargado de diseñar las trazas fue el arquitecto y escultor Juan de Oviedo y de la Bandera, quien comenzó la construcción en 1603 derribando la estructura mudéjar anterior.
Arquitectónicamente, el conjunto es una joya del manierismo andaluz. El templo se terminó en 1612 y el resto del complejo se completó medio siglo más tarde. Un elemento que llama mucho la atención es la escalera imperial, que sirve de eje central y tuvo una influencia estética notable incluso en América. Además, el edificio ha pasado por varias reformas clave: una primera a finales del siglo XIX para restaurar arquerías, una segunda en los años 40 donde se creó el patio de las Conchas y se movió la portada barroca, y una rehabilitación integral terminada en 1993 para adaptar el espacio a la museografía actual.
Recorrido por sus salas y colecciones
El museo se organiza en 14 salas que siguen un orden cronológico, permitiendo entender la evolución de la escuela sevillana. En la planta baja, el visitante puede maravillarse con el arte medieval y el Renacimiento. Destacan los fondos dorados de las primeras piezas y la llegada de influencias flamencas e italianas en el siglo XVI, con figuras como Alejo Fernández o el escultor Pietro Torrigiano. A medida que avanzamos, el Manierismo toma fuerza con Luis de Vargas, preparando el camino hacia el naturalismo de Francisco Pacheco y Diego Velázquez.
La antigua iglesia del convento es, probablemente, el corazón del museo, ya que aquí se exhibe lo mejor del Barroco sevillano del siglo XVII. Es el lugar donde Murillo brilla con luz propia, aunque también encontramos obras maestras de Zurbarán y Valdés Leal. El recorrido continúa por galerías que rodean los claustros, donde se mezclan temas religiosos con bodegones y paisajes, mostrando la diversidad de la pintura europea de la época, incluyendo piezas de Ribera y Jan Brueghel el Viejo.
En la planta alta, la historia sigue avanzando hacia el siglo XVIII y XIX. Aquí el Romanticismo y el Realismo se hacen presentes con artistas como José Villegas Cordero o Gonzalo Bilbao. El museo no solo es pintura; también posee una colección de escultura muy potente, desde el siglo XV hasta el XX, pasando por Martínez Montañés y Juan de Mesa. Además, hay una sección dedicada al dibujo y la estampa, así como piezas de cerámica y orfebrería que complementan la riqueza del conjunto.
Obras imprescindibles que no debes perderte
Hay cuadros que son auténticas estrellas y que justifican el viaje por sí solos. Entre ellos destaca la Virgen de la servilleta de Murillo y su imponente Inmaculada Concepción, la Colosal. También es fundamental detenerse ante el San Hugo de Francisco de Zurbarán o la impactante obra de Juan de Valdés Leal, La flagelación de san Jerónimo. Para los amantes de los clásicos, el Retrato de Jorge Manuel de El Greco y la obra de Diego Velázquez son paradas obligatorias.
Para quienes buscan algo más contemporáneo, las salas finales presentan la pintura española y sevillana del siglo XX, cerrando el círculo de la evolución artística de la región. Es fascinante ver cómo se pasa de la rigidez de los fondos dorados medievales a la soltura y el color de las obras más modernas, todo ello contenido en un edificio que es, en sí mismo, una pieza de arte.
Futuro y expansión del museo
El Museo de Bellas Artes no se ha quedado estático y tiene planes de crecimiento. Se ha proyectado la incorporación del Palacio de Monsalves, un edificio del siglo XVI reformulado por Aníbal González. Con esta ampliación, el museo ganaría unos 2800 metros cuadrados, lo que permitiría trasladar las obras de los siglos XIX y XX a este nuevo espacio y liberar sitio en el convento de la Merced para las piezas más antiguas y los servicios de restauración.
Otro dato curioso es que la colección Bellver, donada por Mariano Bellver, encontró finalmente su hogar en la Casa Fabiola, en el barrio de Santa Cruz, evitando que se dispersara o se instalara en el Pabellón Real. Esto demuestra el compromiso de la ciudad por mantener y exhibir su patrimonio artístico de la mejor manera posible para el disfrute de todos.
Esta pinacoteca es un tesoro donde se funden el misticismo de los antiguos conventos y la genialidad de los grandes maestros, ofreciendo un camino detallado desde el arte medieval hasta las vanguardias del siglo XX en un entorno arquitectónico excepcional que sigue siendo el orgullo de la ciudad.